Barranquilla | Riña mortal en la cárcel El Bosque: un recluso asesinó a otro con una puñalada en el cuello por ‘problemas personales’ entre ellos

La Procuraduría ya había advertido sobre una crisis penitenciaria en la ciudad, señalando que el penal opera con sobrepoblación y falencias.

La noche del sábado 11 de octubre, una violenta riña entre dos internos de la cárcel distrital El Bosque, en el suroccidente de Barranquilla, terminó con la muerte de Douglas Adolfo Vergara Cupidan, de 43 años.

Según el reporte oficial, Vergara fue atacado por su compañero de celda, José Eulices Flórez Blanco, alias El Ñeco, quien le propinó una herida mortal en el cuello con un arma cortopunzante artesanal.
El ataque también dejó lesiones en el brazo izquierdo de la víctima. Aunque fue trasladado de inmediato al Paso El Bosque, los médicos confirmaron su fallecimiento minutos después. El hecho, ocurrido en una celda de aislamiento, ha vuelto a poner en evidencia las fallas estructurales y de control en uno de los centros penitenciarios más cuestionados del país.
INPEC
Ambos internos contaban con antecedentes judiciales. Vergara tenía registros por acceso carnal violento (2010) y secuestro simple (2023), mientras que Flórez Blanco acumulaba al menos nueve anotaciones por delitos como porte ilegal de armas, hurto calificado, acceso carnal violento y tráfico de estupefacientes.
La celda donde ocurrió el crimen estaba destinada a pacientes psiquiátricos, lo que ha generado cuestionamientos sobre la idoneidad del manejo de internos con perfiles complejos y antecedentes violentos.
Guardias del penal relataron que la riña se originó por problemas personales entre los dos reclusos. Sin embargo, tras el asesinato, se denunció la ausencia de personal jurídico y directivo en el momento de los hechos, lo que impidió una reacción institucional inmediata.

Un penal bajo fuego: corrupción y escándalos

El Bosque no es ajeno a los escándalos. En los últimos meses, se han filtrado videos que muestran fiestas clandestinas dentro del penal, con reclusos celebrando con cervezas, música, celulares y otros elementos prohibidos. Las imágenes revelan una preocupante complicidad entre algunos funcionarios del Inpec y los internos, quienes aseguran que “todo se paga” dentro del penal: desde traslados hasta el ingreso de drogas y tecnología.
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En el pabellón B, por ejemplo, se han realizado operativos que han dejado como resultado el decomiso de neveras, cargadores, armas blancas y celulares sin número de serie. A pesar de las medidas disciplinarias anunciadas, los testimonios desde el interior del penal indican que las prácticas irregulares continúan, y que las bandas criminales como Los Costeños, Los Pepes y el Clan del Golfo mantienen presencia activa dentro del establecimiento.
La muerte de Vergara no solo evidencia la violencia entre internos, sino también el poder que ejercen ciertas estructuras criminales desde el interior de las cárceles. Reclusos han denunciado que el control de los patios no lo tiene el Inpec, sino los mismos presos, quienes imponen reglas, extorsionan y coordinan actividades ilícitas desde sus celdas.
Este escenario se agrava con la falta de vigilancia efectiva, el hacinamiento y la debilidad institucional. La Procuraduría ha advertido sobre la crisis penitenciaria en Barranquilla, señalando que el penal El Bosque opera con sobrepoblación y falencias en infraestructura y custodia. A pesar de los recursos invertidos, los resultados siguen siendo insuficientes para garantizar la seguridad de internos y funcionarios.
Además, había abierto una indagación previa por presuntas irregularidades en el penal, para individualizar a los funcionarios que habrían facilitado el ingreso de elementos prohibidos y permitido celebraciones dentro del reclusorio. El ente de control ordenó inspecciones y solicitó informes al INPEC, en medio de crecientes cuestionamientos sobre el poder que ejercen estructuras criminales desde el interior del penal.
El director del Inpec reunido con dragoneantes.
La Policía Metropolitana de Barranquilla ha iniciado una investigación para esclarecer los móviles del crimen y determinar responsabilidades. Mientras tanto, el agresor permanece bajo custodia, y se espera que enfrente nuevos cargos por homicidio agravado.
La muerte de Douglas Adolfo Vergara es un nuevo capítulo en la historia de violencia y descontrol que rodea a la cárcel El Bosque. Un penal que, lejos de ser un espacio de rehabilitación, se ha convertido en una fractura mayor del sistema penitenciario colombiano.
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